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Tome dos, y no un momento demasiado pronto. Lea Michele entra en uno de los papeles más icónicos de Broadway, que en su mente, o al menos en la mente de Rachel Berry, el personaje que interpretó en la serie de televisión “Glee”, estaba destinada a interpretar. Y maldita sea, ella tiene razón.

No es que de repente este renacimiento de “Funny Girl”, que de otro modo no estaría inspirado ni producido, se transforme en un clásico revelador. En cambio, Michele le da lo que antes le faltaba al renacimiento: carisma, voces asombrosas y seguridad, sin mencionar una gran base de admiradores. También tenía una narrativa entre bastidores que se sumó al drama después de la partida de la estrella original Beanie Feldstein, que culminó en un golpe de suerte que muchos sintieron que debería haber sido de Michele en primer lugar.

Pero más vale tarde que nunca para esta “Funny Girl 2.0”. Es un poco como un redescubrimiento de Michele también.

Mayor desde sus días en “Glee” (ahora tiene 36 años), la actriz aporta una bienvenida madurez al papel de Fanny Brice, el papel que lanzó a Barbra Streisand a la estratosfera. La madurez de Michele ayuda especialmente en la segunda mitad del programa, cuando el actor es capaz de darle a esta Fanny una profundidad emocional que falta en el guión.

Sus habilidades actorales bien experimentadas (ha estado en los escenarios de Broadway desde que tenía 9 años) le permiten calibrar la combinación de Fanny de ambición cruda, necesidad, nervios y vulnerabilidad. Algunas de las inseguridades de Fanny, debajo de su bravuconería, tienen sus raíces en sus problemas de clase, educación y apariencia. Michele es claramente una belleza que una peluca de época no puede ocultar, pero aun así nos adherimos a la ilusión.

¿Pero es divertida esta “Chica divertida”? Si bien Michele no trasciende el truco y el maíz del guión, aprovecha al máximo lo que se le ha dado con alegría y sin complacencia.

Lo que más sirve al espectáculo es su canto, que triunfa en la trifecta musical del primer acto de “I’m the Greatest Star”, “People” y “Don’t Rain on My Parade”, con muchas notas poderosas sobrantes para elevar el resto de la puntuación de Jule Styne-Bob Merrill. Aunque apenas vuelve a concebir las canciones, Michele es capaz de distanciarse lo suficiente del fraseo de Streisand para apropiarse, o al menos convertirse en una cuidadora inteligente, del material.

Afortunadamente, sin duda para los productores, Michele también trae legiones de fanáticos, muchos de los cuales se pusieron de pie durante números individuales en una actuación reciente. Si ese entusiasmo continúa, le dará a este renacimiento una inyección de adrenalina, sin mencionar un impulso de taquilla. La sacudida se extiende a todo el elenco, que parece más brillante, más nítido y con más energía.

Otra incorporación bienvenida es Tovah Feldshuh, que infunde autenticidad, humor y entusiasmo al papel de la madre de Fanny. Ramin Karimloo como Nicky Arnstein, el marido jugador aficionado de Fanny, sigue siendo suave, sexy y luminoso como una sábana de satén. También hay química musical con Michele, y su forma de cantar, especialmente en el dúo conmovedor “Who Are You Now”, es sublime.

Jared Grimes todavía deslumbra con los números de toque de exhibición que le valieron una nominación al Tony. Martin Moran y Peter Francis James continúan sus sólidos giros como el dueño del teatro Tom Keeney y Ziegfeld, y Toni DiBuono y Debra Cardona como los compañeros de póquer de la Sra. Brice son delicias imperecederas.

Pero incluso Michele, Karimloo y un elenco elevado no pueden salvar el segundo acto desinflado, que todavía cruje con el melodrama del cine mudo. La ligera revisión del guión de Harvey Fierstein no resuelve problemas fundamentales con la biografía en gran parte ficticia de Brice, quien protagonizó múltiples medios de entretenimiento durante la primera mitad del siglo XX, pero ahora se recuerda en gran medida a través de este musical.

La producción todavía se ve mal concebida, con un escenario y atuendos sombríos y una coreografía simplemente aceptable. ¿Pero un cañón de confeti? ¿Luces de proscenio destinadas a desencadenar respuestas de la audiencia? ¿En serio?

Lo que trasciende todo es la presencia de una Fanny que puede ofrecer los bienes musicales, emocionales y cómicos, y con una historia entre bastidores para arrancar. Con Streisand, fue el nacimiento de una estrella. Con Michelle, es uno que renace.


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